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miércoles, 10 de abril de 2013

La regeneración

Fuente: elcristianismoprimitivo (PUNTO) com/doct30 (PUNTO) htm

Capítulo 30

La regeneración

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3.7).

El significado literal de regeneración es “engendrar de nuevo” (Diccionario de uso del español, María Moliner). Esta palabra se usa raras veces en las escrituras (Mateo 19.28; Tito 3.5). Sin embargo, la doctrina de la regeneración se evidencia bastante en la enseñanza bíblica que pertenece a la salvación. Es la doctrina de la vida nueva que Dios engendra en nosotros cuando nos convertimos.

Vida nueva en Cristo resulta de la regeneración como también la redención resulta de la expiación, la justicia de la justificación y la santidad de la santificación. Dios regenera, el hombre es renacido; Dios expía, el hombre es redimido; Dios justifica, el hombre es justificado; Dios santifica, el hombre es hecho santo.

Lo que la regeneración es

1. Nacer de nuevo

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3.3). “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios” (1 Pedro 1.23). La vida que recibimos al nacer de nuevo es la vida triunfante de Cristo que vence el pecado, el mundo y la muerte. Es una vida incorruptible que verá el reino de Dios.

2. Ser nueva criatura

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.17). La vida nueva no resulta de nuestros esfuerzos para reformarnos, sino resulta de una obra creadora de Dios en nosotros. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2.10). Observe que las buenas obras de Dios serán evidentes en la persona regenerada. La vida después que el pecador se arrepiente y se reconcilia con Dios se describe como una “vida nueva” (Romanos 6.4).

“Habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3.9–10). El hombre nuevo no nace hasta que el viejo sea crucificado (Romanos 6.6).

3. Ser engendrado por la palabra

“Pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio” (1 Corintios 4.15). “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1.18). El tema principal en estos dos versículos es que la nueva creación es engendrada por la palabra de Dios.

4. Ser lavado

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3.5).

5. Recibir la naturaleza divina

“Para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.4). Pablo ofrece la misma idea cuando habla de “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1.27). Cada persona nacida de Dios tiene la naturaleza divina en sí misma, porque “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Romanos 8.9).

6. Recibir un corazón nuevo

Ezequiel predijo lo que iba a pasar cuando dio la promesa de Dios: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezequiel 36.26). Con este corazón nuevo nuestra mirada está puesta en “las cosas de arriba” (Colosenses 3.1). Mientras que cuando uno todavía vive según el corazón de piedra la mirada está puesta en las cosas terrenales (Colosenses 3.5).

Lo que la regeneración no es

1. Sólo reformarse

La regeneración no consiste meramente en rehacer o reformar al hombre viejo de pecado; es una creación completamente nueva, creada “según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4.24).

2. Meramente la convicción de pecado

La convicción es una señal de que el Espíritu Santo está obrando, pero el hombre llega a ser una nueva criatura solamente cuando se rinde a Dios y le permite obrar el milagro de gracia en su corazón.

3. Afiliarse a una iglesia

La maldición de las iglesias modernas es que hay demasiados miembros en quienes todavía reina el hombre viejo. No llegamos a ser hijos de Dios al pertenecer a alguna iglesia o a cierta denominación, sino que nos afiliamos a una iglesia que armoniza con la palabra de Dios después que nosotros hemos sido regenerados.

4. Meramente vivir una buena vida moral

Hay personas que se consideran “buena gente” y están tan seguras de que jamás han hecho alguna cosa muy mala. Pero si se examinaran honestamente en el espejo del evangelio (2 Corintios 3.18) se verían como pobres pecadores, engañados por su propia justicia.

5. Meramente un mejoramiento social

El mejoramiento social no tiene nada que ver con el “lavamiento de la regeneración” (Tito 3.5) que vivifica el alma y de esa manera limpia la vida por dentro y por fuera. No hay comunidad que pueda ser salva a menos que sus habitantes se vuelvan al Señor y lleguen a ser “nuevas criaturas” (2 Corintios 5.17) en Cristo.

6. Meramente adherirse a la doctrina bíblica

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gálatas 6.15). Usted puede seguir una teología correcta y todavía ser un pecador perdido. Una cosa es aceptar el evangelio en la mente como algo correcto y otra cosa es aceptarlo en el corazón como el “poder de Dios para salvación” (Romanos 1.16).

Todas las cosas mencionadas aquí son buenas en su propio lugar, pero no ocupan ningún lugar como substituto para la salvación.

La obra de la regeneración

1. Es la obra de Dios

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen algo que ver con esta obra (Juan 1.13; 3.6; Tito 3.5; 1 Pedro 1.3; 1 Juan 2.29). Es el “lavamiento de la regeneración” lo que nos trae la salvación; las obras no la pueden traer. Dios nos salvó, “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tito 3.5). No somos nacidos por obras, sino nacidos de Dios, “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2.13).

2. Crece de la palabra de Dios

El evangelio de Cristo, dice la Biblia que “es poder de Dios para salvación” (Romanos 1.16). En otras palabras, somos engendrados por el evangelio. En el nuevo nacimiento la palabra de Dios es la semilla; el corazón humano es la tierra; el predicador es el sembrador que siembra la semilla en la tierra (Hechos 16.14); el Espíritu da vida a la semilla en el corazón que la recibe; la nueva naturaleza nace de la divina palabra; el creyente es nacido de nuevo, creado de nuevo y ha pasado de muerte a vida.

3. No se efectúa sin la cooperación de los hombres

La salvación es completamente la obra de Dios. Pero Dios usa a hombres para traer las buenas nuevas de salvación a otros hombres. Además, Dios no salva a nadie en contra de su propia voluntad. De cierto, Dios toca a los hombres con el poder de la convicción del Espíritu Santo, pero el hombre no recibe la nueva creación hasta que responda de corazón: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9.6). El hombre tiene que tener fe para recibir la regeneración (Juan 1.12; Gálatas 3.26).

4. No es necesaria para el niño inocente

Cuando aquellas madres trajeron a sus niños a Jesús, él bendijo a los niños, diciendo: “...de los tales es el reino de los cielos” (Mateo 19.14). Los infantes que aún no son responsables por sus actos están bajo la sangre del Señor y son candidatos aptos para el cielo hasta que lleguen a la edad cuando el pecado revive y entonces ellos mueren (Romanos 7.9). De manera que cuando esto sucede ellos deben experimentar el nuevo nacimiento para entrar al reino de Dios.

5. Es esencial para la salvación

Para probar esto, nos referimos a las escrituras ya citadas de las cuales las más directas son Juan 3.3, 5, 7.

Evidencias de la regeneración

La Biblia ofrece evidencias por las cuales podemos saber si somos regenerados o no. A continuación presentamos algunas:

1. La justicia

“Todo el que hace justicia es nacido de él” (1 Juan 2.29). “Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10.34–35). La justicia de Cristo, dada a los hombres, se manifiesta en una vida justa, porque “los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6.2). Es imposible ser justo por dentro sin manifestarlo por fuera (Mateo 5.14–16).

2. La victoria sobre el pecado

“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” (1 Juan 3.9). La Biblia habla acerca de las flaquezas de la carne, pero no ofrece excusas en cuanto a pecar voluntariamente. (Lea Romanos 8.1; Efesios 2.1–12; Tito 3.3–7; 1 Juan 1.4–7; Hebreos 10.26–27.) “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5.24). Los que son nacidos de Dios no practican pecado, no porque nunca yerran, sino porque no pecan voluntariamente. Si un hijo de Dios yerra y cae en pecado, en cuanto se da cuenta que ha pecado, él se arrepiente y confiesa ese pecado. Por eso no se le inculpa el pecado (Salmo 32.2; Romanos 4.8).

“Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo” (1 Juan 5.4). Los hijos de Dios aman las cosas que Dios ama y aborrecen las cosas que él aborrece. Este amor y ese odio son evidencias de la regeneración en la vida del cristiano. Por tanto, “si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2.15). Todo aquel que de todo corazón ama lo que es bueno entonces aborrece en absoluto lo que es malo. Esta es una de las evidencias fundamentales que demuestra que alguien es hijo de Dios.

“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan 5.18). Para el que es nacido de Dios el mandamiento “aborreced lo malo” le es tan importante como “seguid lo bueno” (Romanos 12.9). El hijo de Dios, que está lleno del Espíritu Santo, puede decir como dijo el salmista: “He aborrecido todo camino de mentira” (Salmo 119.104).

3. La vida guiada por el Espíritu Santo

La diferencia entre la carnalidad y la espiritualidad es muy notable en Gálatas 5.19–23. Podemos saber si andamos según la carne o según el Espíritu Santo (Romanos 8.1) al determinar si nuestra vida diaria manifiesta las obras de la carne o el fruto del Espíritu Santo. Cuando usted ve a una persona cuya vida diaria muestra claramente que está dirigida por el Espíritu de Dios, puede estar seguro de que tal persona ha sido renacida.

4. La obediencia

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2.3). Cristo les pone una prueba a sus discípulos cuando les dice: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15.14). También Santiago nos amonesta diciendo: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1.22).

5. El amor

“Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos” (1 Juan 3.14). Por esta misma razón Dios dice que “el que no ama a su hermano, permanece en muerte” (1 Juan 3.14). “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Juan 4.7–8).

6. La fe

“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios” (1 Juan 5.1). La prueba verdadera de la fe, como la del amor, se halla al creer toda la palabra de Dios y obedecerla. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1.12).

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