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domingo, 16 de agosto de 2026

¿Cuál es el nombre correcto para invocar al Hijo de Dios? ¿Yeshúa, Yashúa o Jesús?

  A veces hay debates sobre cual es la forma correcta de llamar a Dios, o sobre cuál es el papiro o manuscrito más antiguo que nos conduzca a la forma más certera para darle valor doctrinal a nuestras creencias. Uno de esos debates es acerca del origen del Nuevo Testamento. Algunos afirman que el Nuevo Testamento es el producto de una "traducción" de ciertos manuscritos en hebreo que posteriormente se pasaron al griego Koiné. Sobre este punto, no se ha podido certificar que la existencia de tales "manuscritos hebreos originales" sea cierta. Sobre esto les comparto el siguiente tema que se encuentra en:   ¿Fue el Nuevo Testamento Escrito en Hebreo? – Pentecostales del Nombre

Dice como sigue:

¿Fue el Nuevo Testamento Escrito en Hebreo?

Más y más frecuentemente uno se encuentra con creyentes de algún tipo de movimiento «mesiánico» que insisten en buscar las «raíces judías» de la fe cristiana. Tales personas insisten que no se debe usar el nombre de Jesús, que se debe guardar el sábado y que el Nuevo Testamento original fue escrito en Hebreo y no en Griego como se cree tradicionalmente.

Judío, creyente en Jesucristo, y doctorado en Lenguas Semíticas, Michael L. Brown ha estudiado el tema extensivamente y ha llegado a la siguiente conclusión:



«No hay absolutamente ninguna evidencia de que el Nuevo Testamento haya sido escrito originalmente en Hebreo, a pesar de las muchas afirmaciones exageradas de lo contrario… no hay ningún manuscrito antiguo con siquiera una sola linea del Nuevo Testamento escrito en Hebreo.»(1)



A pesar de que algunos hoy en día afirman haber creado una traducción de los manuscritos originales hebreos (o en algunos casos, arameos) y venden tales «traducciones» como si fueran la verdad restaurada, «desafortunadamente, tales manuscritos no existen—ni siquiera un solo manuscrito antiguo Hebreo para ninguna porción del Nuevo Testamento».(2)



La mayoría de los eruditos estudiosos del primer siglo indican que el lenguaje común de todos los pueblos, el lenguaje del mercado, era el Griego. También indican que los judíos hablaban Arameo en vez de Hebreo.



Aparentement, Jesús enseñaba comúnmente en Arameo, como se ve por ciertas expresiones en el Nuevo Testamento, como por ejemplo Marcos 5:41 donde Jesús utiliza la frase talitha koumi («niña, levántate») y en Mateo 27:46 Eloi, Eloi, lama sabachthani (¿Dios mio, Dios mio, por qué me has desamparado?). Es interesante que los escritores traducen al griego tales expresiones, por si no fueran familiares a sus lectores. Esto demuestra que la gente del primer siglo era más familiar con el griego que con el Arameo, especialmente lectores gentiles creyentes. Otro ejemplo se ve en Hechos 1:19 donde se habla del campo comprado con el dinero de la traición de Judas como haqal dama(«campo de sangre»). Definitivamente no son expresiones hebreas sino arameas.



Algunos citan a Eusebio de Cesarea, un historiador del siglo IV, que indica que Mateo compuso los dichos de Jesús en Hebreo. Pero note que la referencia original no dice que Mateo escribió un evangelio en Hebreo, sino los «dichos» de Jesús. Es posible (aunque nadie puede probarlo) que Mateo haya usado tales dichos al componer su evangelio. Nunca se ha encontrado un evangelio de Mateo en Hebreo. Siendo que los judíos del primer siglo crecieron bajo una cultura helenizada, la gran mayoría de ellos eran bilingües, que hablaban comúnmente Griego y Arameo (no Hebreo).



«Los mejores eruditos de Mateo en el mundo están mayormente de acuerdo que el Griego de Mateo que poseemos NO fue una traducción del Hebreo ni de ningún otro lenguaje.»(3)



También debe notarse que no hay ninguna tradición antigua que indique que el Nuevo Testamento hubiera sido escrito en Hebreo. De hecho, tal teoría iría en contra de varios hechos establecidos, como lo son, por ejemplo, que el evangelio de Lucas y el Libro de los Hechos fueron escritos a un gentil (Teófilo); y las epístolas de Pablo fueron a congregaciones compuestas mayormente por creyentes gentiles; o por lo menos con membresías mixtas (judíos y gentiles), a las cuales era mejor comunicarse por medio de la lingua franca o lengua común de su época, que era el Griego.



Hay un peligro más grande cuando uno da credibilidad a las teorías de una composición del Nuevo Testamento en Hebreo. Brown indica:



«Muchos lectores no se dan cuenta que si tales afirmaciones exageradas y sin bases son verdaderas, entonces no tenemos un texto inspirado del Nuevo Testamento… todo lo que tenemos es una colección pobremente traducida y completamente enmarañada de libros de sgunda mano que no son mejores que una tosca aproximación a la Palabra de Dios.»(4)



Es decir, los mesiánicos con frecuencia afirman que el Nuevo Testamento Griego que poseemos (en más de 5.700 manuscritos) fue mal traducido del Hebreo en varios lugares. Citan teorías diversas para esto, pero recordemos que trabajan con manuscritos hebreos que en realidad sólo existen en la fertíl imaginación de sus mentes. No tienen una sola copia de tales manuscritos. Pero, si lo que ellos dicen es verdad, entonces nadie en este mundo tiene el verdadero Nuevo Testamento. Ni ellos, ni nosotros. Ya que los manuscritos Griegos serían corruptos, y los manuscritos Hebreos no existen. Para nosotros esto suena a que Cristo no cumplió con su promesa cuando dijo:



«El cielo y la tierra pasarán, pero mis Palabras no pasarán.» (Marcos 13:31; Mateo 24:35; Lucas 21:33)



En vez de cometer un pecado de blasfemia, preferimos creer a Jesús que Él preservó su verdadera Palabra para nuestros tiempos en más de 5.700 manuscritos Griegos, que la teoría de un «original Hebreo» es simplemente una fantasía de judaizantes, y que en vez de prestar atención a los «mesiánicos» preferimos enfrascarnos en la lectura de la Palabra de Dios que es viva y eficaz y más cortante que toda espada de dos filos (Hebreos 4:12).

Notas:

  1. Michael L. Brown, What Do Jewish People Think About Jesus?, p.170.
    (2) Idem. p.170.
    (3) Idem. p.173.
    (4) Idem. p.171.


___________________________________

Sobre el asunto en cuestión creemos que fue la INTENSIONALIDAD de Dios el que el Nuevo Testamento llegara a nuestras manos en la forma en que lo conocemos hoy y no como ciertas ramas de judíos quisieran que hubiera sido. Si bien es cierto que la salvación del hombre vino a la humanidad por medio de un Salvador divinamente escogido y fue un judío, no por eso la intensión de Dios fue glorificar una raza en si misma sobre todas las demás. Lo que la Biblia dice es lo siguiente:



Es más que obvio que si Dios escogió a los judíos para traer al Mesías es su interés que sean ellos los primeros que puedan entender el propósito de su misión salvadora y luego todos los demás de igual forma.  

Sin embargo, la salvación proviene solo de Dios y no de una raza, un dialecto, una nacionalidad, un lenguaje, un color de piel, ni nada de estas cosas. Si Dios hubiese querido exaltar a los judíos por encima de las otras razas, entonces la parábola del Buen Samaritano nunca hubiese tenido lugar en la Biblia (Lucas 10:25-37). En cambio, escogió a uno de los enemigos de los judíos para exaltar la bondad. (Juan 4:9) 

De esta misma forma a Dios le ha placido usar el lenguaje Griego Koiné para darnos a conocer la verdad de su Palabra en el Nuevo Pacto. La vida de Jesús, el cumplimiento profético en su persona, el nacimiento de la iglesia, la formación de los hombres de Dios y sus enseñanzas, los eventos del provenir, y cosas muy trascendentales para el hombre, todo fue escrito en lenguaje griego.  


A Dios le ha placido usar a eruditos judios para transmitir su verdad en lenguaje griego. De allí nos llega la Septuaginta. 

¿Qué es la Septuaginta? (Lea el tema aquí)



¿Cuál es el nombre correcto para invocar al Hijo de Dios? ¿Yeshúa, Yashúa o Jesús?

Tomemos por ejemplo la traducción que nos llega de Mateo 1:21:







Vemos de forma contundente que los eruditos han identificado la palabra o nombre JESUS para identificar al Dios-Hombre que vino a salvar a la humanidad. 



De esta forma también podemos ver que no hay conflicto alguno a la hora de buscar armonía entre el nombre hebreo versus el griego. Vea:



 No existe falta ni ofensa alguna en usar el nombre de
Jesús que nos ha llegado como parte del lenguaje y legado de los griegos.














He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré
nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. - Jeremias 31:31

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. -Mateo 26:28

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús - Gálatas 3:28


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